Planetario: Los juegos escultóricos de Juan Batalla

Texto de sala de Mariano Soto, curador de El Cultural San Martín

Mi primera visita al Planetario de la ciudad de Buenos Aires fue con el colegio, a eso de los siete u ocho años. No recuerdo mucho, pero sí me quedó la sensación de haber asistido a algo fantástico: planetas, estrellas, el cosmos, algunas imágenes que hoy recuerdo como fijas, pero que seguro habrán tenido un movimiento majestuoso y lento como el de un elefante. Ignoro si el movimiento planetario es majestuoso y lento, pero así está anclado en mi imaginario.

Inauguracion Muestra "Planetario" Foto PRENSA CSM / Sandra Cartasso

Uno o dos años después, mi viejo me llevó a ver 2001, Odisea del espacio, de Kubrick, de la cual no entendí nada, pero, también, dejó un par de imágenes grabadas a fuego en mi hardware: un planeta que se transformaba en cara de bebé, y un hueso lanzado al aire por unos monos impresionantes, que se convertía luego, taumatúrgicamente, en nave espacial de última generación.

PH. Pablo Mehanna (1)

Creo que esta muestra representa una encrucijada entre cierto acervo cultural y epocal entre Juan Batalla, el artista, y quien esto escribe. No en vano somos coetáneos; allá por los últimos años de los ´60 hasta el diseñador Courrèges se animaba con el tópico de lo espacial y presentaba a sus modelos vestidas con asépticos mini vestidos tan blancos como las fabulosas naves espaciales de Kubrick. Pero el mundo de la ciencia ficción tiene antes y después de la icónica 2001. De Verne a Ridley Scott, pasando por las máquinas de Wells, las lunas payasescas de Meliés o la sobria elegancia de Uma Thurman en Gattaca, la ciencia ficción y su versión más futurista y espacial son una fuente inagotable para la necesidad ficcional del hombre terrestre, que desconoce lo que va a ocurrir apenas el próximo segundo.

PH. Pablo Mehanna (2)

Adentrándose en sus propias búsquedas, en sus recurrencias formales y conceptuales, pero forzando como un titán los límites de su propio campo expandido, Batalla revisita sus materiales y formas de siempre (goma, formas bulbosas y orgánicas, el color negro) pero avanza a toda vela con otros. Hay plástico, objetos reconvertidos, fotografía mise en scène, video performático, sonido y hasta un ready made como guiño a aquel hueso de los primates kubrickeanos. Y mucho blanco, como en las modelos futuristas de Courréges.Batalla avanza, se expande, multiplica los soportes y los discursos, pero siempre con la lúdica profundidad que esperamos (aún) del arte. Asistiremos a la oscuridad ancestral de la caverna y al rito gregario, pero también a la frialdad limpia del blanco pulido y neto. Como si Giger y Kubrick se hubieran tomado una copa juntos.

Fotografías de Pablo Mehanna ©

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