Hambre: La última cena, de Da Vinci a Sugimoto

Recordando un viaje de hace ya algunos años cuando visité la obra de Da Vinci en Milán y de allí se dispararon otras asociaciones que tienen que ver con la celebración cristiana del día de hoy. Aquí el texto:

“Por fin en esta visita a Milán conseguí turno en la igleisa Santa Maria delle Grazie para poder ver La última cena de Leonardo.

3Leonardo-Da-Vinci-The-Last-Supper.jpg
Leonardo Da Vinci, 1494-98

Las visitas se suceden de 8.15 de la mañana hasta las 7.15 de la tarde en grupos de 25 personas y durante estrictos 15 minutos. Cuestiones de conservación y manutención de una obra tan delicada. Hay que reservar un turno por teléfono u online con bastante antelación, es bien difícil conseguir lugar.

Para mi sorpresa en el mismo espacio me encontré con la versión de Andy Warhol, The Last Supper, un díptico bicromático en negro y magenta.

Por los 9 euros de la entrada sólo podía ver ambas obras en 15 minutos. Podría haberlo hecho en 10 o en todo el día, pero cuestiones de organización y presupuesto impiden una visita más larga. A la salida, como siempre, están los souvenirs: tarjetas, posters, pins para la heladera y hasta rompecabezas con la obra de Leonardo. Todo entremezclado con libros de arte pop.

lastsup.jpgAndy Warhol, 1986

El ministro de Bienes Culturales de Italia explicaba en un texto adjunto a la reproducción de la obra de Warhol lo emocionante que era tener la dos obras con cuatro siglos de distancia en el mismo espacio.

A mí no me emocionó.

Pero la cuestión de las versiones no terminó aquí.

A unas pocas cuadras de la iglesia y a tres paradas de metro, en el Palazzo Reale, tiene lugar una retrospectiva de David Lachapelle donde, entre otras 350 obras, se encuentra su versión de La última cena.

LaChapelle%2C%2BThe%2BLast%2BSupper.jpg
David Lachapelle, 2004

Una versión, como el resto de la obra de Lachapelle, para mi humilde sensibilidad, superficial y obvia.

Todo esto me llevó a acordarme inmediatamente del masterpiece Asado Criollo de Marcos López y preguntarme sobre el sentido de las revisitaciones, versiones, homenajes, parodias de obras icónicas a través de los años.

No encontraba una respuesta satisfactoria a esta pregunta. Traté de ubicar a Marcos López para que me explica su experiencia, para que intentara contarme por qué un artista necesita citar a otro. Lo encontré en México. Por mail me contó cómo fue su proceso de trabajo en su versión de La última cena.

Escribió:

Mi version de La última cena la hice en el 2001, en octubre, justo
antes de la crisis de diciembre. Algunos críticos escribieron algo de
que era como un presagio, algo asi como el último asado argentino. La
foto la hice apenas llegue de un viaje por España, donde en la Bienal
de Valencia, vi una versión de un fotógrafo japonés, Hiroshi Sugimoto.

img-07.jpg
Obra de Hiroshi Sugimoto, 2000

Recuerdo que después de ver esa obra, me
hizo un click y dije que iba a hacer mi versión argentina. Llegué a
Buenos Aires y llamé a mi amigo el productor teatral y actor
Hugo Olmos ( que esta en la foto tratando de agarrar un tetrabrick) y
le dije que arme un asado para hacer una foto, él
conoce a todo el mundo en Córdoba. Llamó a los amigos en
común, artistas plásticos que viven en Córdoba ( pintores y escultores:
Roque Fratichelli, Ruben Menas, Oscar Paez, entre otros), y organizamos
ese “asadazo” en el patio de atrás de la casa de Fabiana y el negro
Menas en Mendiolaza, pasando Villa Allende, muy cerca del aeropuerto
de Cordoba
.

marcos-lopez-asado-criollo-thumb.jpg

Marcos López, 2001 ©

Fui solo, con mi cámara y un par de flashes, en un auto viejo que
tenía en esa época, de un solo tirón a Córdoba. excitadísimo con la
idea de hacer esa foto.

El costo de producción fue el asado, el chivo y los vinos. Aclaro que
fue invitación mía.

Sin ninguna sofisticación técnica: Velocidad 125 y diafragma 11, y la
foto al rayo del sol del mediodía. Un par de flashes adelante para
darle ese efecto de luz irreal, teatral, la exageración en las poses,
algo de retoque digital para arreglar algunos errores que hice
producto de que cuando saqué la foto ya estábamos todos medio en pedo.

Ahora que se puso de moda dentro de la fotografía revisionar obras
maestras del arte, clásicos de la pintura, ya me cansé, no voy a hacer
mas versiones de nada.

Siempre me intereso en que mi obra hable de la periferia, mostrar la
textura del subdesarrollo. La pegajosidad de los manteles de hule.
Trato de que mi trabajo tenga el dolor y la desprolijidad de la
América mestiza. Y creo que esa imagen cumple con eso. Estoy
eternamente agradecido por
que se me haya ocurrido hacer esa foto. Finalmente, la puesta en
escena se hace documental. Esa imagen, esta documentando un modo de
vivir,
una cultura, una época… ¿Para eso dicen que sirve el arte, no?

¿Sí?

En los tiempos de Warhol, del boom del arte pop, la cita o copia fue un procedimiento que se instaló como marca. Ya pasaron más de 30 años.

¿Cuál es hoy entonces el sentido de continuar citando?”

 

 

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