Porter in progress: El jueves inaugura “El hombre con el hacha y otras situaciones breves” en MALBA

Te presentamos un adelanto exclusivo de la intervención site specific de Liliana Porter, El hombre con el hacha y otras situaciones breves, que se inaugura el 13 de este mes en MALBA junto a un adelanto del ensayo que escribió para la ocasión la crítica y escritora Graciela Speranza.

“El mundo de Liliana Porter dejaría perplejo al eminente historiador del tiempo Stephen Hawking. En el universo de Hawking, el nuestro, una taza que se cae de una mesa y se hace añicos en el piso basta para demostrar que el tiempo es irreversible. (…)

En el estudio

En el universo anárquico de Porter, en cambio, las cosas suceden de otra manera. La taza bien podría ser la misma que observa Hawking, pero no hay principios de termodinámica que puedan dominar su soberana flecha del tiempo, ni leyes de Murphy capaces de contrariar su mirada piadosa con el desorden del mundo. Basta atender a su obstinada serie Reconstrucciones para comprobar cómo un elenco variado de pequeñas figuras dispuestas sobre un pedestal ─un ratón Mickey de vidrio soplado veneciano, una pastora holandesa de porcelana, un pingüino de loza o una cabrita con un moño rojo─, pueden convivir con fotografías de las mismas piezas hechas añicos, que rizan el tiempo en un loop indecidible. La “verdad” documental de las fotos no deja dudas sobre el destino fatal del Mickey, la pastora, el pingüino o la cabrita, pero la presencia igualmente cierta de las figuras intactas junto al retrato restaña las heridas como por arte de magia y las devuelve sanas y salvas a su aletargada vida feliz de figuritas.

Man with Axe

No es la única sorpresa que el universo Porter depararía al eximio Hawking. En otra serie, Trabajos forzados, un hombre diminuto puede picar con un hacha una enorme tabla de madera y congelar en el presente el destrozo pasado de sus hachazos, mientras que una mujer que barre, también minúscula, puede anticipar el futuro de una tarea interminable, frente a una larga estela de polvo rojo que dobla una decena de veces su tamaño. En las empresas hiperbólicas que por algún motivo los ocupan, el tiempo del trabajo es otro y se mide con otra escala, inversamente proporcional a la de los personajes. (…)

Forced Labor Man with Axe V

Nadie resumió mejor que la propia Porter la lógica incontestable con la que desde los 80 viene burlando la cronología ceñida de la historia, los almanaques y los relojes, con una colección de juguetes, souvenires y adornos, dispuesta a su antojo en grabados, pinturas, fotografías, pequeñas instalaciones o películas.  “Alguien podría protestar”, escribió anticipándose al recelo de los agnósticos, “¡¿cómo van a dialogar si no existen?! Pero entonces… ¿con quién estoy hablando ahora? ¿Cómo es posible que yo le esté hablando a usted si en este preciso momento en el que escribo usted no está (todavía) conmigo? Sin embargo, esta conversación, y la del pingüino con el salero, existen en un tiempo que no tiene antes ni después, que se mide de otra manera. (…)

Forced Labor Man with Axe IV

Pero, veamos. Ahí está en un extremo el hombre diminuto con el hacha, un posible comienzo si se atiende al título, que le da al personaje un protagonismo paradójico considerando sus escasos cinco centímetros. Aplicado como está, el hacha en alto, a la tarea de hacer trizas lo que encuentra, se diría que es ése el destino final, las trizas, de todo lo que se despliega de ahí en más. (…)

Forced Labor Man with Axe I

Hay sin embargo pequeñas figuras en pie que saltan a la vista, breves escenas ─¿las situaciones del título? ─, que parecen aislarse por un momento del caos, islas de otros tiempos que atemperan la inquietud con el comienzo de un relato: una viajero que parte o regresa con su valija, una mujer que teje incansablemente, un hombre que intenta desenredar el embrollo de una soga, que al que mira tratando de desentrañar lo que ve se le antoja un compañero de camino. (…)

to do it twice detail

Mareado con el vértigo de los saltos, el que mira acaba por desistir en su empeño de desenredar la maraña del tiempo y se entrega a la pura deriva por el paisaje de ruinas; en el fárrago, a fin de cuentas, asoma un calendario roto, y en el centro, una parva de relojes que ya no funcionan. Una vaga melancolía tiñe el conjunto a la distancia, pero si uno se acerca y se deja tentar por los detalles, un pato con el pelo erizado da risa y un jardinero que no aventaja en estatura al hombre con el hacha da una lección de templanza y estoicismo. En medio del desastre, absorto en su tarea ridícula, riega las plantas que todavía florecen en los pedazos de loza rota.

Forced Labor Man with Axe III

Queda claro en una última visión panorámica que en el universo de El hombre con el hacha reina una lógica que no acuerda con la de la taza rota de Hawking. Para entender cómo es posible ir y venir en el tiempo, destruir las cosas y recomponerlas, es preciso atender a las leyes que rigen el microcosmos de Porter, menos deudoras de la ciencia que de la metafísica doméstica o la fenomenología aplicada.

Texto, ©Graciela Speranza e imágenes: Gentileza MALBA

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s