Un homenaje a la cubana Ana Mendieta en Turín

Ana Mendieta nació en La Habana en 1948 y en 1961, junto a su hermana, se subió a un barco junto a otro nenes y nenas en lo que se llamó Operación Peter Pan. Provenía de una familia aristocrática de ascendencia Europea.  Eran hijos de contrarrevolucionarios que  los sacaron  de la isla rumbo a Estados Unidos. Luego de vivir en un orfanato, recaló en la Universidad de Iowa, donde estudió arte. En Estados Unidos se enteró de lo que era ser negra y vivir en el marco de una sociedad que la discriminaba. “Soy una mujer no blanca”, solía decir de sí misma para afirmar su identidad.

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Muy pronto su obra -performance, esculturas, fotografías y vídeos- se destacó y fue muy apuntalada por la crítica. Con este empujón del medio, se mudó a New York donde conoció al escultor con quien se casó, Carl Andre.

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En una confusa pelea con él, el 8 de septiembre de 1985 se cayó (??) del piso 34 de un edificio del Soho. El único testigo del supuesto accidente fue su marido que defendió durante tres años su inocencia y pudo salir bajo fianza pagando 250mil dólares que le prestó su amigo Frank Stella.

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Su hermana, acaba de terminar una película documental, Itali-Ana, Mendieta en Roma, que parte del año que la artista pasó realizando una residencia en esa ciudad como excusa para narrar su corta pero intensa vida.

Ahora el Castello de Rivoli, basándose en la presentación de este documental, realiza una inmensa retrospectiva, , She got love que recuerda la obra de una mujer pionera que habló desde su cuerpo con conciencia de género y paradójicamente fue de las primeras que puso el arte en primera persona para hablar del abuso hacia las mujeres.

Por otra parte, expresó la tensión de su cultura fragmentada en su ciudad natal y NYC: “Mi arte se basa en la creencia de una energía universal que corre a través de todas las cosas […]. Mis obras son las venas de la irrigación de ese fluido universal. A través de ellas asciende la savia ancestral, las creencias originales, la acumulación primordial, los pensamientos inconscientes que animan el mundo. No existe un pasado original que se deba redimir: existe el vacío, la orfandad, la tierra sin bautizo de los inicios, el tiempo que nos observa desde el interior de la tierra. Existe por encima de todo, la búsqueda del origen”.

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Al final de su vida fue invitada a exponer en La Habana, sponsorizada por el gobierno y eso fue para ella una tranquilizadora reconciliación con Cuba.

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En la muestra que se inaugura el 30 de enero, tal como expresa la crítica María del Mar López-Cabrales, Mendieta “no sólo fue una artista con una identidad fronteriza, fue mujer y tanto con su cuerpo, como con la silueta del mismo, representó un deseo de comunión con el universo, una necesidad de entrar de nuevo a formar parte de la tierra, que para ella significaba lo esencial, lo que nos da la vida y a donde regresamos al morir”

Un comentario

  1. Hace poco vi en la “Fundació” Joan Miró de Barcelona, dentro de la exposición ¡Explosión! El legado de Jackson Pollock, un vídeo de corta duración en el que se veía a la artista Ana Mendieta de espaldas con los brazos alzados, apoyada sobre una parez.. Al poco tiempo los bajaba dejando un rastro de sangre ” Mis obras son las venas de la irrigación de ese fluido universal” al leer sus frases cobra sentido su performance.

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