Arte para turistas

Por Manuel Amado-Suarez, desde Madrid

El Museo del Prado es visita obligada para todo turista que llega a Madrid, al poco de estar dentro el visitante desprevenido se percatará que podrá resumir la experiencia y contársela a sus amigos en 3 frases:

1-      Para empezar son todos los cuadros son marrones,
2-      En el 99% de los casos aparecen Cristos sangrando, vírgenes llorando (tal vez por ver tanta sangre, también marrón) y Santos matando a herejes,
3-      Si no hay Cristos, es que se trata de retratos de Reyes y Nobles, que a juzgar por sus “particulares” rostros fueron concebidos respetando las más estrictas normas de linajes endogámicos.

El Prado es el undécimo más visitado del mundo y el que posee la mayor concentración de piezas de arte por metro cuadrado (a esto ayuda a que no es de los más grandes).

Originado por la afición coleccionista de las dinastías gobernantes a lo largo de varios siglos, su colección refleja los gustos personales de los diferentes monarcas españoles, por lo que es su colección es asimétrica, insuperable en determinados artistas y estilos, y limitada en otros.

Pero lo que desde febrero se ha convertido en una de las máximas atracciones, compitiendo en popularidad con las Meninas de Velázquez, no es otra que la mismísima Gioconda.

En realidad se trata de una Mona Lisa olvidada por años en algún sótano, que algún genio del marketing rescató de su ostracismo para otorgarle una fama tan repentina (y tal vez efímera) como esa que gozan los que ganan un Reallity Show.

Luego de un cuidado trabajo de restauración que le aportó (no me atrevo a afirmar que le “devolvió”) un vibrante colorido más cercano a Warhol que a Leonardo da Vinci, miles de adoradores de la Gioconda chulapa se amontonan en corrillo a su alrededor para verla de cerca y compararla con la original (cuya impresión cuelga a su lado).

Al vivir la experiencia en persona creo comprender su atractivo: sería como ir al Museo de Madame Tussauds a ver la estatua de cera de la Reina de Inglaterra y que la propia Reina esté parada a su lado, quietita y en la misma postura para poder compararlas.

O ir a ver alguna performance en el Barrio de Chueca de un transformista de Cher y tener a la propia Cher al lado (¡y sin tener que ir a Las Vegas!).

Considerando la  convocatoria provocada, no han estado tan errados al ofrecer este incentivo para visitar tan reconocido museo.

Lo que todavía no termino de entender es su relevancia artística.

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