Detectores: obras de arte que te miran

De entrada, hay algo que está invertido, como patas para arriba, en la muestra Detectores, del mexicano Rafael Lozano-Hemmer, que acaba de inaugurarse en el Espacio de la Fundación Telefónica de Buenos Aires: no es uno quien detecta cada una de las nueve obras de la exhibición cuando ingresa en la sala. Es más bien la obra la que lo detecta a uno. Y es en ese instante cuando la obra empieza a existir y a funcionar.

Surface Tension

Tensión superficial, 1992.

Vos mirás la obra de Lozano-Hemmer cuando la obra te mira. Y si no estás ahi para mirarla, el ojo no mira a nadie y sencillamente no hay obra. El ojo gigantesco, más que humano, te elige y te sigue. Eso es lo que ves: un ojo que te ve. Tanto, que si te quedás muy quieto un minuto por lo menos, el ojo se cierra, duerme.

The Year's Midnight

La medianoche del año, 2011

La instalación interactiva La medianoche del año, que toma su título de un poema de John Donne sobre la festividad de Santa Lucía, te devuelve tu imagen como un espejo, pero tus ojos desaparecen y de sus cuencas salen dos columnas de humo blanco que poco a poco llenan la pantalla.

Blow Up

Blow up

Con pericia técnica y solidez conceptual, Lozano-Hemmer produce con cada una de estar obras una operación clásica del arte contemporáneo: nos muestra lo que vemos todos los días, pero de una forma inquietante y perturbadora. Convierte objetos y situaciones cotidianas en objetos de reflexión, resignifica y subvierte la realidad de cada día. Así,  las cámaras y dispositivos de control que nos detectan, persiguen y monitorean nuestras conductas diariamente en las calles, las empresas, los bancos, las computadoras, quedan al descubierto con estas obras de arte interactivas que ponen en cuestión la parafernalia tecnológica de vigilancia y control.  Lo angustiante se vuelve juego.

Make Out

Sabroseos, 2008

En una gigantesca pantalla, se repite miles de veces en  mosaico la imagen de una pareja mirándose a los ojos. Cuando te acercás, tu silueta se proyecta en la pantalla y en su interior la pareja se besa con desesperación, se sabrosea. Si caminás, tu silueta llena de besos te sigue como una sombra.

EFT

En la inauguración, frente a la obra Indice de Corazonadas,2010

Hay una obra bastante diferente del resto. Ultimo suspiro es una instalación diseñada para almacenar y hacer circular constantemente el aliento de una persona; en este caso, la cantante cubana de boleros Omara Portuondo. Omara llenó con su aliento una pequeña bolsa de papel madera  que se infla y se desinfla automáticamente gracias a un fuelle motorizado como el de los respiradores artificiales de los hospitales. 10.000 veces al día, la frecuencia respiratoria normal de un adulto en reposo, incluyendo 158 suspiros.

Last Breath - Mexico

Ultimo suspiro, 2012

El día que Omara ya no respire, la máquina seguirá inspirando y espirando su aliento. La obra se puede producir con la respiración de cualquier persona. Hay una pieza, de hecho, que contiene en una bolsa el aliento de un matrimonio de dos personas de más de 80 años. Cuando ellos ya no estén, sus respiraciones mezcladas seguirán presentes. Aliento poético.

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