Alice Maher y su arte de la castración

Los 25 años de carrera de la artista irlandesa Alice Maher (Tipperary 1956) se celebran en el IMMA’s Earlsfort Terrace  y exponen una práctica creativa que la hizo experimentar con diferentes soportes: dibujos, pinturas, esculturas y más recientemente películas.

Becoming, tal el nombre de la exhibición, trabaja con la idea de metamorfosis, siempre presente en la obra de Maher.

Según relata la crítica del Irish Times, todo lo expuesto en la muestra parece desvanecerse ante una fotografía intranquilizadora, en realidad un still de su película El collar de Casandra.   

A simple vista el collar parece estar realizado por penes disecados pero no, está realizado con lenguas de serpientes. No parecen sintéticas. Ocurre que precisamente lo que hace Maher con su película a la cual pertenece esta obra impresionante -en el sentido literal, el de dar impresión- es transitar el mito de Casandra. Según una de sus versiones más difundidas, Casandra fue hija de Príamo y Hécuba. Cuando nació se hizo una fiesta en el templo de Apolo, en las afueras de Troya.

Cuando cayó la noche, sus padres dejaron a Casandra en el templo por un olvido. Al día siguiente, cuando fueron a buscarla, Casandra estaba dormida y dos serpientes le pasaban la lengua por las orejas. Fue así como Casandra parece haber adquirido el don de la profecía en su edad adulta. Un don que para todo el que predice parece convertirse también en una maldición. Quizá este collar con las lenguas que trajeron el don maléfico estén a punto de estrangular a la muchacha vidente que quizá hubiese preferido morir antes de tener que ver lo que no deseaba del futuro o simplemente se plantan desde su cuello y hasta el pecho como una mácula, una suerte de letra escarlata.

Más allá de esta película de estreno, se exponen otras obras icónicas del trabajo de la artista, aquellas en la que construyó escultura con trozos muertos de seres vivos. Partes aisladas de lo que alguna vez fue un ser en interacción con la naturaleza.

De este modo, se puede inferir que las obras recientes de Maher son producto de una amputación (o castración?), casi de una operación, de un procedimiento quirúrguico donde se intuye el instrumental con el que se hizo la incisión o se produjo una muerte.

Destaca, en este registro impresionante, su collar de corazón de vacas y su Esfera de caracoles así como también las cabelleras rasuradas no se sabe bien de qué cabezas y siempre al mirar su obra uno no puede dejar de preguntarse de dónde provienen todos esos elementos que alguna vez pertenecieron a un vivo y aún peor, uno también se pregunta si algún vivo no sobrevivió a la amputación por amor al arte de Alice.

Un arte que narra una particular secuencia de la antropofagia, un bocado que no se ha comido pero que simbólicamente sí ha sido devorado por ojos que miran con asco, placer o lo que fuere.

 

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