Sobre por qué la Mona Lisa está tras un cristal antibalas

Black on Maroon, el Rothko dañado

Fue hace un par de días. El tipo entró en la Tate Modern de Londres, estuvo un rato mirando una pintura de Mark Rothko, se acercó con calma y lo pintarrajeó con tinta negra. Después de fue. Cuando lo detuvieron, dijo: “No hice nada del otro mundo. Antes que yo, muchos hicieron cosas semejantes; por ejemplo, Marcel Duchamp y Damien Hirst, que firmaban objetos no creados por ellos”.  Horas después, el diario inglés The Guardian informó que el vándalo es el pintor ruso Vladímir Umánets, quien asegura que lo suyo fue un acto artístico. Umánets es uno de los fundadores del “Yellowism” (Amarillismo), un movimiento a cuyo manifiesto es difícil encontrarle algún sentido.  “El Yellowism no es ni un arte, ni un anti-arte”, dicen los autores y agregan que el amarillo es “una simple esencia intelectual”.

Mujer sobre silla roja, de Picasso

Es bastante frecuente que presuntos artistas ataquen obras de grandes maestros de la historia el arte. En junio pasado, Uriel Landeros escribió “conquista” sobre la pinturaMujer sobre silla roja, de Picasso.

También este año, fue dañada la escultura Charity, de Demian Hirst. Le hicieron un grafiti con aerosol.

Charity, de Damien Hirst

En 2007, la artista francocamboyana Rindy Sam besó una pintura sin título de Cy Twombly y dejó estampados sus labios con rouge en la tela. “Yo solo le di un beso. Fue un acto de amor. No lo pensé, imaginé que el artista me entendería”, dijo.En 1975 fue un maestro de escuela desocupado, William de Rijk, quien dañó con varios cortes “La ronda nocturna” de Rembrandt en el Rijksmuseum de Amsterdam.

La ronda nocturna, de Rembrandt

En 1972,  un hombre le rompió un brazo, un ojo y la nariz a la Piedad de Miguel Angel mientras gritaba “soy Jesucristo”. Está confirmado que mentía: era Lazlo Toth, nacido en Hungría, lejos de Belén.

La lista sigue con La sirenita de Edward Eriksen, una escultura que representa al personaje del cuento de  Hans Christian Andersen, en Copenhague, Dinamarca. La decapitaron dos veces, en 1964 y en 1998. En 1984 le arrancaron un brazo. En 2003 la arrancaron de su base con explosivos. Sin embargo, después de ser blanco de numerosos ataques vandálicos desde 1960, los funcionarios decidieron alejarla del puerto y moverla varios metros para protegerla del público.

La Sirenita, de Edward Eriksen

La lista de obras dañadas es casi interminable e incluye al famoso mingitorio de Duchamp y a la Gioconda de Leonardo, pero se corta aquí porque lo último que queremos es aburrir lectores.

 

 

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