Vernissages: el arte de beber y comer gratis


Algunas cosas nunca cambian.

Hace 43 años el escritor Isidoro Blaisten (1933-2004), uno de los mejores cuentistas argentinos, publicó su libro La Felicidad (1969), donde incluyó una obra maestra del género, el cuento Los Tarmas.

En él,  cuenta la historia de una familia venida abajo -padre, madre, dos hijos chicos- cuyo único trabajo es,  previa consulta puntillosa a diarios que piden prestados al diariero y que deben devolver rápido, marcar los vernissages del día para asistir y, más allá de lo expuesto en el evento en cuestión, beber y comer hasta reventar.

El cuento de Blaisten desprende una ternura infinita a los que él llamó “los tarmas”, pero que cuya palabra original, él mismo lo reconoce en el cuento,  viene de la palabra “termas” o “termitas”, esas hormigas blancas que devoran sin piedad todo lo que encuentran a su paso.

“Los tarmas” sobreviven en el  s XXI,  asisten como invitados “oficiales” a los eventos donde hay comida y tragos: siempre los mismos, siempre encantadores, siempre con identidad dudosa, no sé sabe muy bien qué hacen y cómo siempre llegan allí, al lugar indicado con mozas y mozos diligentes a la hora de celebrar la apertura de un evento.

Goya, Saturno devorando a su hijo

Me pregunto cuántos de los que vemos transitando los vernissages no son tarmas. Sean quienes fueren yo los admiro: su garbo, su desfachatez, su impunidad para demostrar “pertenecer” a un mundo donde el arte queda atrás y la comida y la barra son el primer objetivo. Su presencia pintoresca es marca registrada en cada encuentro, son una parte de la fauna más allá de todo, allí entremezclados con inteligente disimulo.

En esta primavera que se acerca, aumentan las inauguraciones y allí los veremos seguro: lustrosos, amigables, siendo parte de  la fauna  mencionada -todos somos fauna- y volveremos a conversar con ellos quizá, haciendo la vista gorda ante cuáles son sus verdaderos objetivos para estar presentes. Ellos y nosotros (esa frágil línea divisoria) sabemos quién es quién. ¿Sabemos?

Un homenaje a su astucia impune va junto a una superhomenaje al cuento soberbio de Blaisten que vio en ellos un material literario de una riqueza notable.

Acá te dejamos el link a Los tarmas  -cuento breve y exquisito, no dejes de leerlo- y hacé memoria  mientras lo leés si no te vienen a la mente variopintos personajes, habitués de los vernissages. ¿Vos sos tarma?

No pedimos nombres ni queremos darlos. Finalmente, qué sabemos. Quizá todos somos tarmas.

Esta es una descripción amable, un homenaje a un estilo bon vivant que se toma prestado, no un escrache.

¡Salud tarmas y bon apetit!

Un comentario

  1. no conocía el cuento! gracias por la recomendación! Yo los llamo “el sindicato”. Siempre están presentes para brindar… su apoyo, y si la inauguración es un poco pobre en asistencia, están ahí para hacer número. No sabés cómo se enteran, aún en las inauguraciones más exclusivas ahí están!!!!
    Hay días que los odio y días que los admiro pero siempre por lo mismo, su desfachatez.
    Siempre pienso que algun artista debería hacer una obra sobre ellos, son seres fascinantes! y después organizamos una exposición sobre ellos con una gran inauguración con vino y muchos sanguchitos de miga y brindar con ellos y que sea una gran fiesta. No te parece?? jaja

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